Cinefilia
El poeta ha sido mentado, desde la noche,
en un vaso de doble fondo.
Justo en la hora en que el aceite, una vez más,
no se mezcla con el agua.
No hubo, hay, ni habrá caso.
Apenas el rechinchineo de un ventilador de pie,
dos libros abiertos y bajo la cama:
Victoria Ocampo y Nicolás Olivari
reciben el viento de otra mañana en el Río de la Plata, a su modo.
El gato escaldado cruza el umbral de la habitación
y vuelve tras su pasos; conoce ése olor.
En el intento de dar muerte a la poesía,
el poeta, un mortal,
descubre que en un domingo mejor es ir al cine.
UC
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