Se percibe cierta percepción de lo perceptivo; se confunde lo que confundidos, una vez, no confundimos; se lamenta lo lamentado, aún, sin lamentos; se pierde lo ya perdido para volver, otra vez, a perder; se teme que el temor apenas, si, nos temerá; se acostumbra que la costumbre empiece a desacostumbrarse; se intenta que el intento sea fiel a la intención primera; se miente al mentiroso para que la mentira final sea algo menor; se convida el convite al convidado; se late para que el latido abandone el estado de latencia (y vuelva en extremo vivo); se muele lo molido para demoler el pasado; se seca el secante para un nuevo secado; se dibuja al dibujante para que exista el dibujo; se llama a la llamada para esperar su llamado; se auto-reflexiona la reflexión, a sí misma, para dar con el hombre reflexivo; se dona, a lo donado, al donante; se humea al humo con una humareda; se imagina al imaginario amigo sin imaginación; se ennegrece lo negro renegrido; se americaniza la América más americana; se blanquea el blanco para tapar lo blancuzco del alba; ocurre que, siempre, la ocurrencia asoma en boca del ocurrente; se estudia el estudio siendo estudiante; se vive vivamente la vida; se alegra la alegría por el alegre; se hiere la herida del herido; se manda un mandado al mandarín; se pregunta por la repregunta al preguntador; se anhela el anhelo del anhelado; se recupera la recuperación de un recupero; se transmite lo transmitido de la transmisión (¿no sabías?); se tuerce lo torcido sin retorcerse; se ofusca la ofuscación en la cara del ofuscado; se pega el pegamento al pegajoso; se mata, y muere, por la muerte; se corre a la corriente como un corredor; se cela el celo del celoso; se escribe sobre lo escrito para escribir otro poco; se hace al hacedor ante lo hecho.

UC

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Ajena /

personal fantástica /

Lejana fanámbula /

confesa piel de letras /

 

Pasionaria enferma

Alentiza y aplasta poros /

dueña de la hora menos cruel /

cuando pasa con sus manos /

y cubre mis ojos /

 

Típica pacata de río /

intrépida /

Tallada en libros /

Tramada /

con el rebote del adoquín /

sueña contra la ventanilla /

y escribe /

 

Después /

mucho antes que lo esperado /

llega el golpe /

la conjura del ahora /

vuelto pasado /

 

Sobre la mesa /

está el papel /

el libreto desdichado /

“que ya no volverá” /

 

Ha escrito /

firmado mi obituario /

dejado un beso /

 

UC

Esa flor tan brazos abiertos,

es pan hambriento

en la mesa

(nada queda ya en la casa);

cuando los recuerdos vuelan

y pasan

como el follaje que pierde el otoño.

 

Es el frío del pasillo el que te envuelve

y que jala para abajo

(en el pecho),

si es que anoche no has morado en el cajón;

consuelo de penas que tambalean

con el abrir y cerrar

de un jardín pretérito de Amor.

 

Esa calma de agua de tanque,

tan extraña en las pupilas de tus ojos,

ese pelo de cobalto

que rueda en la cama

(hará trizas cualquier alma).

No tiene tiempo el tiempo, celeste,

cuando el diablo se ha perdido por diablo.

 

No hay hombre alguno

capaz de caber en tu copa.

Si en el aplomo de la espera

nace tu fuerza, extraña.

Hagamos que nunca, entonces,

sea el cielo el mañana que miremos

y nos echemos a morir.

 

UC

¿Por qué los amantes
sueñan con el amor
que yace en el fondo
del mar?

¿Cuál es la música
de la tarde olvidada:
la de una  lluvia de zinc,
que lava la bruma del balneario,
o el sonido lascivo de labios que
buscan, y pegan, sus fatuos
armazones sin hallarse?

¿Qué tesoro esconde
la arena derretida
en oros simples
de miga de pan?

¿Cuál es la prístina razón
digna de molestar
la modorra
de un henchido Neptuno ?

 

UC

Lo gracioso es siempre lo extraño /
que acontece /
muy a pesar del tiempo /
por algún capricho olvidado /
que nadie duda en admitir /

Guardado en la punta de un viejo zapato /
o bajo una piedra en una maceta seca /
así camina lo sin nombre /
sobre la lápida que impone el silencio /
¿de qué otra manera? /

Seguro de nada nuevo que pueda venir /
atardece la sapiencia de un día más /
bendito a la confianza que marca la rutina /
tan ajena como antojadiza /
y en el apremio /
por el temor a un corte de luz /
se va a la cama /
no sin antes cepillarse-bien-los-dientes /

Es noticia /
mañana /
el vivo cena ante el muerto /
a la cabeza de una mesa impía /
con media porción de pan /
desde el fondo de un vino picado /

Y es complacencia /
de obra divina /
un Dios con su hijo dibujado /
y borrado en un mismo acto /
vano /

amén de toda pena /

UC

El día anuncia, mediante presumidos voceros de traje y corbata, que el sol será apenas un intermitente juego de luces y que, por tal motivo, asomará sin mucha fuerza, a través de un cielo encapotado.

Esa tarde, mientras nuestra protagonista aguarda por la llegada del colectivo –y sin el recomendado paraguas a cuestas, que ella odia por su confeso amor hacia la literatura de Julio Cortázar- el encapotado crepita, primero, truena inmediatamente después, y suelta –como un manojo- una infinidad de gotas calientes, pesadas y despiadadas sobre el vacío terrenal.

Allí, en aquel vacío, la protagonista se acovacha como puede bajo el umbral de una doble puerta de hierro, a pocos metros de la parada. Un grupo de desdichados esperan junto a ella. Cuando la hojarasca lluvia ya ha mermado, el colectivo llega. No podía ser de otra manera.

Sube, pide “uno veinticinco” y el chofer pregunta “hacia dónde es que va”. A lo que la protagonista responde “hasta El Palomar”. “Éste no te deja, má”, dice el conductor y agrega “tomate el que viene atrás, es el que tiene el cartelito azul, ese te deja”.

Nuestra protagonista meditativamente se acaricia el buche, pide permiso y en dos saltos llega hasta la puerta de descenso; toca el timbre, y aguarda que el colectivo se detenga.

Al abrirse la puerta, la protagonista, despliega sus alas y vuela hasta posarse nuevamente en el cordón húmedo de la vereda.

UC

El poeta ha sido mentado, desde la noche,

en un vaso de doble fondo.

Justo en la hora en que el aceite, una vez más,

no se mezcla con el agua.

No hubo, hay, ni habrá caso.

Apenas el rechinchineo de un ventilador de pie,

dos libros abiertos y bajo la cama:

Victoria Ocampo y Nicolás Olivari

reciben el viento de otra mañana en el Río de la Plata, a su modo.

El gato escaldado cruza el umbral de la habitación

y vuelve tras su pasos; conoce ése olor.

En el intento de dar muerte a la poesía,

el poeta, un mortal,

descubre que en un domingo mejor es ir al cine.

UC